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Patrimonio

La Hermandad cuenta en la actualidad con diferentes enseres que nutren el altar de insignias de manera llamativa para la corto recorrido como Hermandad.
Son varios los artistas creadores de estos enseres, destacando siempre la juventud en su mayoría, y su buen hacer en los nobles artes cofrades.

Así pues, la Hermandad cuenta con un Guión corporativo obra de Fernando Calderón bordado en oro sobre terciopelo burdeos con tallas que completan el escudo de la Cofradía obras de Manuel Téllez, siendo el asta en plata de ley realizada por el orfebre Daniel Santos. También del taller de Calderón salieron en el año 2003 2 banderines. El primero, bordado en oro cuenta con una pintura que referencia la aparición de la Virgen de Fátima a los pastorcitos, y el segundo, bordado en oro con pintura de nuestro Titular el Señor de la Paz. Ambas obras pictóricas son obra del jerezano Manuel Rui Loba.

En el apartado de orfebrería, 12 varas, 2 faroles, 4 ciriales, 2 incensarios, 8 palermos repujados y 20 piezas de candelería completan la labor en plata de los enseres que posee la Cofradía, todas estas obras fueron realizadas por el orfebre Daniel Santos.

La Hermandad cuenta a su vez en su altar de insignias con la Cruz de Guía, obra realizada por orfebrería Maestrante, teniendo como particularidad la presencia de terciopelo tapizando las partes interiores de la misma. Y en el centro, custodiado por ráfagas, encontramos una reliquia del Lignum Crucis regalada a la Hermandad por parte de los Padres Capuchinos de Jerez durante la Estación de Penitencia del año 2007 en el Convento jerezano.

El Libro de Reglas fue realizado en plata de ley en el año 2008 por el Taller Maestrante.


El Paso de misterio

El paso de misterio es obra del maestro tallista Antonio Ibáñez, estando aún en fase de tallado. De estilo barroco, calza 40 costaleros. Los 4 candelabros de las esquinas son obra de Antonio Vega, estando éstos en posesión de la Hermandad con anterioridad a la realización de las andas de Ibáñez.

Las imágenes que forman la escena iconográfica del Desprecio del Pueblo son la de Caifás, un judío ofreciendo la Cruz a Jesús, un esclavo revistiendo al Maestro, un soldado romano escoltando la escena, Poncio Pilatos y un centurión romano en conversación con éste. Todas son obra del imaginero Manuel Téllez Berraquero y estrenadas en el año 2008.

Explicación iconográfica: (Texto redactados para la Hermandad por el Reverendo Padre Don Lorenzo Morant Pons, Presbítero Especialista en Textos Bíblicos)

El momento exacto que se pretende representar el misterio es el momento en que Pilato "se lo entregó para que fuera crucificado", pero reúne en sí todo el significado del momento, de la condena de Jesús, del desprecio de su pueblo y del comienzo de su Pasión. La iconografía, por tanto, está inspirada especialmente en todo el pasaje evangélico de Juan 19,1-17:
Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos». Y le daban bofetadas.

Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él». Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre».

Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él».

Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios». Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?» Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado». Desde entonces Pilato trataba de librarle.

Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César». Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César». Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.

Se hace necesaria una doble mirada: la mirada al acontecimiento histórico, que presenta a Jesús, despreciado por su pueblo y la mirada al acontecimiento salvífico que nos presenta al Señor de la Paz, ofreciéndose por la salvación de aquellos que lo desprecian y lo condenan.

Para conseguirlo parece necesario situar la imagen del Señor en el centro, posiblemente en un punto más elevado que el resto de las imágenes. Así se le ofrece como el auténtico protagonista del drama que se desarrolla. El Señor aparece coronado de espinas, flagelado y siendo cubierto de nuevo por su túnica (se sigue el orden de la Pasión en el evangelio joánico). También en el centro de la escena, ante la imagen de Jesús, debe destacar la Santa Cruz, a la que se dirige la mirada del Señor en un gesto sereno de aceptación, pues en medio del desprecio, Cristo aparece como Señor de la Paz.
Es importante, por tanto, que en la iconografía aparezca la Cruz del Señor no como un simple ornamento, sino como una imagen principal, tan importante como la de Jesús e incluso más que las imágenes secundarias (especialmente teniendo en cuenta que la hermandad pretende contar entre sus titulares con la Santa Cruz). Por eso, es necesario que la Cruz y la imagen del Señor aparezcan ambas como el centro de la escena, sin prescindir de ninguna de ellas, ni hacer destacar una por encima de la otra -aún cuando por razón lógica, la imagen del Señor prevalecerá naturalmente ante la mirada de todos-.

Alrededor de la imagen del Señor y de la de la Santa Cruz se desarrollan dos planos distintos, que completan la escena y que es importante situar correctamente.

Ante Jesús se encuentra el pueblo judío, pueblo elegido que rechaza al Mesías y es quien le ofrece la cruz. El pueblo debe estar representado especialmente por dos figuras, Caifas como Sumo Sacerdote, ataviado con las vestiduras y los ornamentos rituales que lo identifican y un judío sencillo, miembro del pueblo. Ambos le ofrecen la cruz a Jesús, significando su desprecio al Mesías, y simbolizando en el gesto de ese ofrecimiento el grito del pueblo: "¡crucifícalo!".

u Tras Jesús, encontramos a los romanos, con la figura de Pilatos que pretende mantenerse al margen del acontecimiento, pero consciente de haberse dejado arrastrar por ese pueblo al sentenciar la muerte del reo. A su alrededor pueden ir colocadas otras imágenes secundarias que ayuden a completar la escena como por ejemplo soldados romanos, la mujer de Pilato (significando su deseo de mantenerse al margen), el Senatus, esclavos de distintas razas (que representen a todos los pueblos)...

Pilato y Caifas se encuentran en diálogo. Casi al margen de Jesús, Pilato parece despreciar a los judíos y Caifas lo increpa, haciéndose a sí mismo y a su pueblo responsable y culpable de la condena de Jesús. Así se manifiesta el desprecio del pueblo. La imagen está plenamente expresada en los Improperios del Viernes Santo que tan bien reflejan la espiritualidad del misterio:

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, / en qué te he ofendido? Respóndeme. / Yo te saqué de Egipto; / tú preparaste una cruz para tu Salvador.

Finalmente es importante que el conjunto del paso se construya en armonía, completándolo con ornamentos y símbolos que den mayor profundidad simbólica a la escena, tales como otros instrumentos de la Pasión (como la palangana de Pilato, la caña de la coronación, el paño púrpura...) pero destacando siempre principalmente las imágenes del Señor y de la Santa Cruz.

Bomberos de Jerez Hermandad de San Bernardo
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SEÑOR DE LA PAZ,

DIOS DE LA BENDITA HUMILDADY ETERNO COMPAÑERO EN NUESTRO CAMINAR,

HAZNOS CRECER EN LA FE COMO ALIMENTO DE VIDA.

DANOS TU LUZ, SEÑOR, PARA GUIAR NUESTRAS ALMAS.

QUE LAS SOMBRAS DEL DOLOR Y LA ENFERMEDAD SE BORREN CON EL AMOR DE TU MIRADA.

MANTEN VIVAS NUESTRAS FUERZAS ANTE LAS ADVERSIDADES DEL HOMBRE.

Y LLEGADO EL MOMENTO DE MARCHAR PODAMOS AL FIN GOZAR DE TU ANSIADA PAZ.

AMÉN.

Hermandad de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesús de la Paz en el Desprecio del Pueblo
María Santísima Refugio de los Pecadores, Gloriosa Virgen de Fátima
y Bendito Patriarca San José
Parroquia de Fátima
Avda. Virgen de Fátima S/N - 11405 - Jerez de la Frontera (Cádiz)
Tlfno. 956 310 399 - secretaria@lapazdefatima.es